Desaprovechada juventud, maldita y voluminosamente tardía.
Regurgitosa, calcitada dadora en bilis de caramelo.
En la tras sala, donde el carbón y las pieles estriadas de sus comisuras, remiendos y apuñalamientos.
Cobija de seda y altillo color ambar.
Ríe mientras clava una cruz de aceite y sal en su garganta.
La caracola hecha añicos y ella dentro.
La más informe y calculada se estremece en su exactitud y la invita a un baile.
El fulgoroso color ambar se cuela por su pecho e ilumina sus ojos
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